De los trescientos socios con que contaba el Círculo en la actualidad quedan unos quince, pero que meten bulla en cada partido como si siguieran siendo los mismos, ya que la historia de Wanderers no muere, sino que sigue viva en la memoria colectiva de todos los wanderinos de corazón especialmente entre sus viejos tercios.
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De los trescientos socios con que contaba el Círculo en la actualidad quedan unos quince, pero que meten bulla en cada partido como si siguieran siendo los mismos, ya que la historia de Wanderers no muere, sino que sigue viva en la memoria colectiva de todos los wanderinos de corazón especialmente entre sus viejos tercios.
En un club con tanta historia como lo es Santiago Wanderers, es bueno recordar a sus forjadores, quienes pisando el césped, dirigiendo la preparación física de los jugadores en sus diferentes categorías, los abnegados dirigentes (la mayoría no rentados), a sus miles y miles de socios que han pasado por la sede para cancelar sus cuotas y seguir al equipo a través de esta larga, angosta y loca geografía, a sus hinchas diseminados por doquier, en fin, es bueno refrescar la memoria y nos acordemos de los Viejos Tercios, que con sus años encima, sus achaques y arrastrando el pesado baúl de los recuerdos aun, pese a todo, siguen ahí cuadrados como verdaderos marineros sobre la cubierta de un viejo velero, que se remoza en cada actuación del equipo, para brindar alegrías a generaciones menores y hombres que se sienten wanderinos y porteños de corazón, aunque estén afincados lejos del mar o de nuestras fronteras naturales.
Ya entrando la noche como a eso de las 7 de la tarde, en el segundo piso de la sede del Club, ubicada en la calle Independencia como ya es habitual un grupo de “muchachones” de la barra mas antigua, agrupados en el Círculo de los viejos Tercios, se encontraba la historia viviente del club. y nos referimos a un grupo de esforzados seguidores caturros que el primer viernes de cada mes se reúnen para hacer un recuento de sus actividades y para ver como marchan las cosas en el Club
Según nos relatan los socios del Círculo, esta barra “brava” llego a contar con unos 300 socios, pero con el pasar del tiempo tan sólo van quedando unos 15, los que siguen apiñados tras los nobles ideales del club de sus amores.
El Circulo esta dirigido por Luis Caroca Morales (Presidente), Hernán Delgado (Vicepresidente), Luis Salas Villarroel(Secretario) y Aquiles Quiñones Zuleta (Tesorero).
Como una manera de mostrar la fortaleza de la organización nos presentan los “estandartes” del grupo allí presente, los que con un apretón de mano se van presentando: Oscar Donoso, 81 años y desde 1948 socio activo, Hernán Delgado, 86 años, socio desde 1947, Aquiles Quiñones Zuleta, 83 años, socio desde 1949.
La primera reunión ordinaria correspondiente al mes de Noviembre, sirvió para celebrar el cumpleaños del antes mencionado y longevo socio Hernán Delgado, quien a sus 86 años de edad conserva la lucidez de su memoria y nos relata pasajes de su juventud wanderina.
Por otra parte, Luis Valdivia Riquelme, también de avanzada edad, nos cuenta que en tiempos del “Gallego” José Pérez, el llegó a jugar en las infantiles de Wanderers. Y así se van desgranando los recuerdos de una hornada de socios que se niega a replegar los viejos estandartes que han sido la gloria del Decano de Valparaíso.
Y como para que no queden cabos sueltos, los dirigentes nos dicen que con mucho esfuerzos cuentan con un Panteón propio en el Cementerio 3 de Playa Ancha, en el que descansan los restos de los Tercios que parten. En su tiempo cada socio debía aportar con unos ladrillos y unas carretilladas de arena, hasta que la otra “sede” quedara parada, como Dios manda.







Como hincha de Wanderers he vivido 3 descensos a segunda división, el año 1991, 1998 y lamentablemente este año 2007.
Acompañando a Santiago Wanderers he viajado por casi todo Chile, cada rincón de este país a recibido mi presencia vistiendo los colores del Decano.
Recuerdo cuando en la irregular década de los 80’, el equipo era acompañado por una banda de música, parecida a la que tiene el viejo Magallanes, la que no cesaba de tocar “Manojito de claveles” (himno oficial).
Luego del partido final del campeonato de 1958, en el cual Wanderers se coronaría campeón, durante las celebraciones fue tanto el tumulto, con la gente agolpada rodeando el bus de los jugadores y con los que se subieron al techo, que el micro comenzó a hundirse y los jugadores tuvieron que salir arrancando ante el peligro de morir aplastados. Es ahí en donde Hernán pasó con su camioneta de trabajo. Pensar y abrir la puerta de la camioneta fue solo una acción, y así de repente el frágil vehiculo se vio lleno de jugadores inclusive José Pérez el entrenador.
Recuerdo que tenía un amigo, de apellido Araya, que era cuidador del estadio y vivía ahí con su familia, y como no había sueldo, criaba ovejas que pastaban en la mismisima cancha del estadio de Playa Ancha, así que a falta de cortadora de pasto, buenas eran la ovejas que cumplían dicha labor.
En la década de los cuarenta y cincuenta en el estadio no había marcador, y para señalar los goles había dos mástiles y allí se izaban banderolas de colores, que identificaban a los equipos en la cancha, así cada gol era una banderita. El problema se suscitaba cuando había goleadas, ya que no alcanzaban las banderolas para tantos goles, pero esto se suplía, ya que no faltaban las damas asistentes que entregaban sus pañuelos de cuello, para que fuesen usadas para tal efecto.
El actual color data de 1908 y dice una de las leyendas que se debe a un error en el envío de las camisetas desde Inglaterra por parte del marinero y socio del club, James Mac Lean, al que se le encomendaron tricotas listadas azul y café.