Como hincha de Wanderers he vivido 3 descensos a segunda división, el año 1991, 1998 y lamentablemente este año 2007.
El domingo 27 de Noviembre recién pasado, fui participe de una situación que jamás había vivido, descendimos, si, pero sin embargo un emocionado estadio, de pie, aplaudía a los guerreros que intentaron por todos los medios de no descender, el canto del himno por parte de la hinchada fue conmovedor y estremeció a cada uno de los asistentes y los jugadores, quienes agradecidos y llorando se dirigieron a los camarines.
Juan Rojas/37 años/Valparaíso







Acompañando a Santiago Wanderers he viajado por casi todo Chile, cada rincón de este país a recibido mi presencia vistiendo los colores del Decano.
Recuerdo cuando en la irregular década de los 80’, el equipo era acompañado por una banda de música, parecida a la que tiene el viejo Magallanes, la que no cesaba de tocar “Manojito de claveles” (himno oficial).
Luego del partido final del campeonato de 1958, en el cual Wanderers se coronaría campeón, durante las celebraciones fue tanto el tumulto, con la gente agolpada rodeando el bus de los jugadores y con los que se subieron al techo, que el micro comenzó a hundirse y los jugadores tuvieron que salir arrancando ante el peligro de morir aplastados. Es ahí en donde Hernán pasó con su camioneta de trabajo. Pensar y abrir la puerta de la camioneta fue solo una acción, y así de repente el frágil vehiculo se vio lleno de jugadores inclusive José Pérez el entrenador.
Recuerdo que tenía un amigo, de apellido Araya, que era cuidador del estadio y vivía ahí con su familia, y como no había sueldo, criaba ovejas que pastaban en la mismisima cancha del estadio de Playa Ancha, así que a falta de cortadora de pasto, buenas eran la ovejas que cumplían dicha labor.
En la década de los cuarenta y cincuenta en el estadio no había marcador, y para señalar los goles había dos mástiles y allí se izaban banderolas de colores, que identificaban a los equipos en la cancha, así cada gol era una banderita. El problema se suscitaba cuando había goleadas, ya que no alcanzaban las banderolas para tantos goles, pero esto se suplía, ya que no faltaban las damas asistentes que entregaban sus pañuelos de cuello, para que fuesen usadas para tal efecto.
El actual color data de 1908 y dice una de las leyendas que se debe a un error en el envío de las camisetas desde Inglaterra por parte del marinero y socio del club, James Mac Lean, al que se le encomendaron tricotas listadas azul y café.